**Ocaso**
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**El juego de los latidos**

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Mensaje  Jacqueline Crocce Vie Nov 13, 2009 1:02 am

Una historia más o menos corta que está dividida en dos, por lo que postearé la primera parte y si tiene buena aceptación seguiré. Si no... ¡pues también, xDD!
No hará falta decir que está registrada.
Quiero ver si es buena para colgarla en "El baúl del terror", así que ya deberíais adivinar qué género es Wink . Personalmente, me produjo tristeza...
Que disfruteis Twisted Evil


El juego de los latidos
"No es fácil convertirte en un juguete"


Tum tum, tum tum, tum tum, tum tum.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que no oía eso? No lo sé, jamás lo supe. Tenía vagos recuerdos del pasado, por no decir ninguno. Sólo recordaba oscuridad, una terrible oscuridad acompañada de una risa aguda, maléfica, de la que todavía resonaba su eco angustiándome por momentos. Esa voz falsamente inocente que me sumía en el abismo del terror, queriendo gritar sin tener voz e hipar sin respiración.

Pero dejé de lado todo para escuchar ese ostinato tan maravilloso, sin saber lo que era. Sólo tenía la certeza de que estaba acompañado de unos pitidos constantes. Entonces me di cuenta de que podía mover mis párpados. Y suave, muy suavemente, abrí los ojos.

Un techo blanco artificial, unas sombras, una voz tan querida como necesitada.
- Cariño, estás viva.

Viva.
____________________________________________________________________________________________________

- ¿Mamá?- pregunté insegura-.
- Sí cielo, estoy aquí. Y también está papá.
- ¿Cuándo podré irme a casa? Llevo aquí una semana. ¿Y qué pasó para quedarme aquí?

Silencio.
- Te irás pronto, muy pronto- era la voz grave de mi papá-. Mira, mamá y yo te hemos comprado un regalo.

Me entregaron un paquete envuelto en papel marrón, parecía una caja que no te paras a mirar más de dos veces. La abrí con cuidado de rasgar el papel y levanté la tapa de la caja: era una muñequita de porcelana, bonita y muy detallada. Mas había algo en su cara que no me inspiraba confianza, daba un poco de miedo. ¿Aunque a quién no le dan algo de miedo esas caras tan reales de las muñecas?

- Como sabemos que te gustan los objetos antiguos buscamos en un anticuario. Nada más verla en aquel estante apartado del resto pensamos en ti- mi madre sonaba ansiosa, esperando mi aprobación-.
- Gracias, es muy bonita- me puse a jugar con cuidado de no romperla-.
- Si no te molesta, papá y yo nos vamos un momentito. Pero estamos ahí en la puerta cariño.

Cuando salieron pude ver de refilón una bata blanca. Dicen que la curiosidad mató al gato, pues en ese caso yo maúllo.
Afiné bien el oído e intenté escuchar todo lo que pude. Al cabo de un rato me acostumbré, era capaz de oír casi todo.

-… accidente horrible. Sólo ha sobrevivido ella… suerte.
- No mucha, mire como ha acabado- era la voz de mi madre, ¿llorando?-… maldito autobús, voy a… conductor.
- Nuestra pequeña Stella- mi padre temblaba-. ¿Cómo va… con eso?
- Su hija es muy valiente y madura para su edad… 12 años suelen estar más asustados.
-… diferente- murmuró mamá-. Y ahora más… cicatriz.
- Procuren que no se lleve sustos, en esta etapa es muy peligrosa una arritmia. Podría…

¿Qué cicatriz? Busqué por los brazos y no vi nada, las piernas igual.
Fue cuando retumbó en mis oídos y me hizo temblar. Esa voz… esa risa…

“¿De verdad no te imaginas dónde está?”

Instintivamente miré hacia la muñeca cogida por mi brazo. No me había fijado antes, pero tenía una mueca burlona en la cara, dirigida hacia mi escaso pecho de movimientos acompasados. Separé el pijama de mi cuerpo para ver por el cuello, y desearía no haberlo hecho.

Una cicatriz enorme nacía en mi garganta y bajaba en vertical atravesándome el cuerpo, imitando a una cremallera dispuesta a abrirse para partirme en dos y desgarrarme. Era gigantesca, rosada, salpicada constantemente por cortes horizontales. Aún así, había algo de ella que me horrorizaba más: sabía que era eterna.

Tumtumtumtum, tumtumtumtum

Los pitidos de aquel aparato no importaban al lado del repiqueteo de mi corazón. ¿Mi corazón? ¡No es mío, es de un muerto! No sé que haré conmigo, nadie me querrá con esa cosa atravesándome. Me sentí débil, sólo era capaz de hacer meros intentos de habla, mas tenía fuerzas escasas para respirar. Una presión apareció en mi mente, queriendo que llorara sin lágrimas.
- ¡Stella!

Eran enfermeros, médicos y mi familia, todos hablando o simplemente histéricos. Pero por encima de todo la volví a escuchar, su regocijo más que evidente me atormenta como si no hubiera mañana. Ríe y ríe sin parar, produciéndome escalofríos por su falsa dulzura.

“¿No te gusta mi regalo? Lo he escogido especialmente para ti.”

Esa voz de niña protagonista en cuentos infantiles no podía ser la causante de mi tortura.

Tumtumtumtumtumtum, tum, tum, tum, tumtumtumtum

Tenía que calmarme, tengo que calmarme. Miré a un lado al darme cuenta de que me quitaban la muñeca del brazo, quería agarrar algo y la muñeca era lo que estaba a mano. Sin embargo al verla hasta logré escuchar a la sangre luchar por huír. de mi rostro ya pálido. Su mueca ya no lo es... está riendo. Con la boca abierta y los ojos rasgados por el gesto carcajea a mandíbula batiente, como un cuadro pintado por el mismísimo Lucifer.

“¡Qué divertido!”

- Fuera de la sala señores, nosotros nos encargaremos de su hija- habló una voz anónima-.
No me dejéis sola, por favor no…

Tum tum, tum tum, tum tum

- Hemos conseguido estabilizarla- dijo alguien con un suave murmullo-.
Cada vez oía menos, era más difuso… Y todo se volvió negro.


Hasta aquí la primera parte xD
Jacqueline Crocce
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